viernes, 11 de noviembre de 2016

Eduardo Abela: El pintor y su época

Eduardo Abela: El pintor y su época

Por Lisandra Aguilar Wong

Con el machadato cada vez más se siente el espíritu de lucha. Las nuevas generaciones están tomando conciencia de los problemas que aquejan al país e intentan hacer algo por cambiarlos. Dentro de toda esta algarabía, los artistas están mostrando más cubanía en sus creaciones y surge un personaje portavoz de este ánimo de denuncia. Lo llaman el “Bobo”, tan simpático como irónico, que mediante sus diálogos de doble sentido, critica las medidas represivas, crímenes y corrupciones de la época. Eduardo Abela, creador de este especie de héroe, nos habló esta mañana sobre su obra en el nuevo contexto en el que está inmersa la isla.
 
¿Por qué mezclar el humorismo y la ironía en el personaje el “Bobo”?
 
La censura imponía la necesidad de un lenguaje cifrado. Necesitaba crear un lenguaje confuso para evitar las medidas represivas, claro, sin llegar a hacerlo indescifrable. Tengo que mantenerme todo el tiempo alerta y captar las expresiones más comunes para un público grande. Como complemento para mi personaje creé al profesor y al ahijado, el primero ante la necesidad de dotar al Bobo de un amigo con quien hablar, debía ser alguien tan bobo como él e ignorante del mundo real para poder tratar de boberías, y al ahijado es un niño descendiente. Realmente encontré en el humorismo un medio para romper el aislamiento. Aprendí que el público no es un receptor pasivo, que enriquece lo que se entrega, pues la ironía, vestida de ternura, es una forma para expulsar la violencia.
¿Cómo surge el Abela artista?
Soy campesino y desde que era muy joven ya conocía el oficio de preparar tabacos. Creo que gracias a ello aprendí el amor a la obra bien realizada, sobre todo, aquella que sale de la mano del hombre.
¿Qué significa la pintura para Abela?

Mi primera preocupación es la de adquirir en la pintura un oficio que me haga dueño, sin ningún tipo de limitaciones, de mi medio expresivo. El tema tiene una importancia secundaria, es una excusa para el ejercicio y para el planteamiento de problemas, se trata de reivindicar lo nacional y de encontrar un lenguaje adecuado.
 
¿Cuáles son los problemas artísticos a los que se enfrentan los pintores cubanos en estos tiempos?

Uno de los problemas es el de la luz, fundamental en el paisaje del trópico, que destaca el color o parece ahogarlo en su blancura. La solución impresionista resulta inadecuada. Pero de lo que estoy seguro es de no querer renunciar a la sólida estructura de los cuadros.
¿Cómo se combinan el Abela periodista y el Abela artista en la etapa en la que estuvo en París ?
Soy periodista y artista. Fui a Paris porque necesitaba escapar de todo. Me apoye en el recuerdo, en las  historias que contaban los veteranos de guerra en la manigua e hice mis obras más cubanas. Por su parte, el periodismo me aseguró el sustento, me permitió conocer nuevos horizontes y ver pintura. Allí el recuerdo de Cuba se me hizo apremiante. Fueron techos y azoteas, o sea, una realidad más profunda, la del movimiento y la fuerza vital.
 
¿Qué intenta reflejar con su arte en una época tan convulsa?

En estos momentos donde las ilusiones de lucha antimachadistas se ven cada vez más frustadas y la corrupción lo va invadiendo todo poco a poco, yo intento cultivar mi propio huerto. Sigo empecinado en rescatar del caos un pedazo de universo.

Información tomada de

• “El Camino de los Maestros” de Graciela Pogolotti

• “La historia de El Bobo de Abela” de Alejandro Batista Martínez

• “El Bobo de Abela en la historia cubana” de Graciela Pogolotti
Wednesday at 12:17 · Seen Wed 12:17
 

Contar la República: Quim, un emigrante asturiano; por Gastón Marrero


Nota editorial (de Roque): Aquí, un imaginario Gastón Marrero, en dos partes, nos cuenta la historia de vida de un emigrante asturiano en Marianao (que en esta serie de entrevistas ya ha acumulado varias). Una visión particular de la vida en la época prerrevolucionaria.
El barrio de Los Quemados, en Marianao, es popularmente conocido por el “Oriental Park”, un hipódromo cuyo prestigio se extiende por toda América. Por mi afición al juego lo frecuente mucho en los últimos años de la década del 50 y tanto como las carreras de caballos disfrutaba tomar algunos tragos con amigos en los comercios cercanos. Encontramos nuestro sitio preferido en una pequeña bodega, llamada “La mejor”, cuyo dueño, un emigrante asturiano, pasaba las tardes conversando con los allí presentes. Hoy, cuando leí el periódico me sorprendió la noticia de que se nacionalizaran las pequeñas y medianas empresas, y me viene a la mente Joaquín, el dueño de aquel negocio, y de la entrevista que le realice para el periódico El Mundo el 16 de abril de 1958. Aquí la adjunto.

Quim, un emigrante asturiano

Por Gastón Marrero

Tras la barra de la bodega “La mejor” de Marianao, se descubre a un hombre alto y delgado, de rasgos delicados y bigote fino. Este hombre se llama Joaquín Rodríguez, aunque todos lo conocemos como Quim, es asturiano y llego a La Habana en 1918. Salió de un pequeño pueblo del occidente asturiano llamado Grandas de Salime, al que , cuando conversamos, se refiere como “su aldea”. El viaje en barco fue muy difícil, más para aquel Quim de 16 años que venia solo, con la sospecha de nunca volver a ver a sus padres, a sus 6 hermanos, a su tierra. De Grandas era mejor huir, la pobreza azotó, y sigue azotando con especial fuerza a los campos españoles. El Servicio Militar obligatorio, de tres años de duración, también fue una razón de peso para que Joaquín, y cientos de jóvenes como él abandonaran diariamente a la Madre Patria.

Esta tarde, en la misma barra de su bodega, Quim me cuenta sobre la emigración, España, Cuba, su vida, su negocio, el futuro.

¿Por qué decides venir a Cuba específicamente?

En Cuba vive mi tío Manuel, hermano de mi madre que me había hablado más de una vez de las maravillas de esta Isla. Manuel llego en los últimos años de la guerra de independencia de ustedes, los cubanos. El formaba parte del ejército español, pero quedó tan enamorado de esta isla que nunca regresó a España. En las cartas que nos escribía siempre contaba que había abierto una pequeña taberna aquí en Marianao, que marchaba bien, y nos prometió a los sobrinos que si deseábamos pasar por acá nos daría trabajo. De La Habana se hablaba mucho en mi pueblo, siempre soñé con conocerla, por las historias que contaba la familia, se hablaba de una ciudad muy próspera, muy moderna. En España se tiene mucho aprecio por Cuba, todavía no se ha superado el dolor de haberla perdido.

¿Y por qué Marianao?

Marianao me llamo la atención desde el inicio. Cuando yo llegué era una ciudad muy joven, que se estaba convirtiendo para muchos en una ciudad de veraneo, de ocio. Era un lugar muy bueno para abrir negocios, porque lo mismo tiene las playas, los diferentes clubes, cabarets, tiene el hipódromo, por ejemplo. Muchos de los que vienen a ver carreras de caballos cuando salen se toman algún traguito, hasta figuras de la talla de Benny Moré se han sentado aquí. Yo estoy satisfecho de haberme establecido aquí, en “la ciudad que progresa”.

¿Cómo se siente en Cuba?

Hay un contraste muy grande entre este país y la aldea de la que provengo. Es un país muy adelantado en sus comercios, sus medios de transporte. La gente es muy afable, a mí me encantan los cubanos, yo siento que tratan a los españoles con mucho cariño, también porque tenemos mucho en común unos y otros. El clima aquí es fabuloso, a diferencia de mi aldea, donde se pasaba mucho frío, y con el hambre que teníamos, mejor ni te cuento. Si algo me disgusta de aquí es la corrupción que hay en los gobiernos, en las alcaldías. Aquí mismo en Marianao, como mismo hemos tenido alcaldes honrados, los hemos tenido muy corruptos, pero imagínese, eso pasa en el mundo entero. Sobre el gobierno de Batista prefiero no hablar, las cosas han estado muy tensas, pero yo, la verdad, no me meto en política.

¿Le fue difícil adaptarse a Cuba?

No, cuando uno viene de una miseria y un atraso tan grande, se adapta a cualquier cosa, y no te puedo engañar, mi bodega es modesta, pero es un buen negocio, me alcanza para tener algunas comodidades, tener una casa, e incluso puedo pagarle una buena escuela a mis hijos. Este “guajiro” español nunca imaginó llegar a estar tan bien. No te voy a engañar, extraño a mi tierra, a mis amigos, mi familia, pero también aquí me asocié a un club de emigrantes de mi pueblo, Grandas de Salime, y hacemos fiestas cada cierto tiempo, sobre todo en la cervecería La Polar y La Tropical, donde voy con mi familia, y siempre hablamos mucho sobre España y nuestras cosas.

¿Cuáles fueron las épocas más difíciles que usted recuerda?

Bueno, los primeros años, en que estaba recién llegado, tuve que hacer mil trabajos, muy duros, para ir saliendo adelante. A eso súmale que extrañaba mucho a mi tierra, y no me acostumbré de la noche a la mañana a los hábitos cubanos. Una época difícil fue la de Machado, cuando decretó la ley del 50% de cubanos y de extranjeros, lo que me obligó a renunciar a mi nacionalidad para volverme cubano, porque de lo contrario era casi imposible conseguir trabajo. Pero bueno, en realidad no me puedo quejar, con mucho sacrificio logré tener mi propio negocio, formé una familia. No puedo pedirle más a la vida.

¿Cómo es su día a día?

Abro la bodega a las 5 de la mañana, almuerzo aquí mismo, duermo la siesta en mi casa que está cerca, y a las 3 de la tarde regreso de nuevo a la bodega hasta las ocho de la noche. A comer, descansar y otra vez a lo mismo al otro día.  Mi único día libre es el domingo. 

¿Cuáles son sus distracciones más allá del trabajo?

Me gusta mucho ver algo de televisión, ir a las fiestas de mi sociedad y reunirme con mis paisanos, leer el periódico. No mucho más, por razones del trabajo, no tengo tiempo de ir con mi familia a la playa ni nada de eso. Mi mujer y mis hijos sí van a veces a clubes, como el Náutico, aunque es un lujo que se pueden dar solo algunas veces. Yo no puedo, porque tengo que trabajar.

¿Qué opina de la lucha en la Sierra Maestra?

Yo no me meto mucho en eso, honestamente, pero por lo que se habla por aquí sé que el pueblo la apoya, sobre todo la juventud, porque se reprime mucho a los jóvenes. Y hay mucha corrupción política, los políticos roban mucho y la gente se da cuenta, a los comerciantes medianos nos agobian mucho con las multas, los inspectores y los policías que te acosan. Yo no conozco mucho de los famosos rebeldes, pero si van a acabar con la dictadura y la corrupción, y entusiasman a la juventud, pues bien.

¿Entonces no se arrepiente de haber venido a Cuba?

No, la verdad que no. He salido de la pobreza y he logrado un progreso. Tengo mi familia, mi comercio, me he sacrificado mucho, nunca he tenido vacaciones, pero les he asegurado un futuro. Los vecinos del barrio me aprecian mucho, les encanta venir a tomar algún trago, o a comer un sándwich y conversan mucho conmigo, honestamente me siento muy querido en este país, aunque me encantaría poder regresar a España, eso sí, de vacaciones, porque ya yo me muero aquí. Estoy completamente aplatanado, aunque mi plato preferido sigue siendo la fabada asturiana.

 

Contar la República: Villena, el inquebrantable

Nota editorial (de Roque): Aquí Cinthya García nos recompone, a partir de textos de Villena, una posible entrevista con el poeta de la Revolución del 30. Sin dudas, una forma interesante de presentar el pensamiento de este joven, muerto tempranamente.

“Tu vida tendrá luz plena de mediodía”, dijo a un niño inquieto Máximo Gómez sin siquiera avizorar al líder comunista, estudiantil y antiimperialista en que se convertiría ese pequeño años después.
Nació en Alquízar en 1899, de padre maestro y madre marquesa de legítima descendencia, pasó su infancia en varios lugares. De Pinar del Río la familia se traslada a La Habana y vive en municipios como el Cerro, Guanabacoa, Centro Habana, Arroyo Naranjo.
Como primer dato y que muestra el carácter que se venía forjando en él desde pequeño, el niño ingresa en la Escuela Pública No.37 del Cerro, en 1905, donde se había establecido una república escolar que en su organización y funcionamiento imitaba a la república mayor. La Constitución había sido elaborada por los propios alumnos y eran ellos quienes juzgaban la conducta de sus compañeros. El niño fue elegido presidente de esta república escolar. Terminado su mandato fue investido con el título de ciudadano por distinción y se le entregó una carta firmada por Gerardo Machado, entonces Secretario de Gobernación del Gabinete de José Miguel Gómez, en la cual lo felicitaba y elogiaba su trabajo.
¿Hay algún otro dato que considere relevante sobre estos primeros años de su vida?
Mi infancia tuvo, es cierto, un esplendor de aurora. De la época en que viví en Guanabacoa recuerdo cómo, en unión de mi hermana Esther, bueno me gustaba llamarle Tera, le tiraba pedazos de pan a los chivos desde el portal.
Luego de ingresar al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana comienza a trabajar como maestro auxiliar dando clases a niños analfabetos. ¿Qué significó eso para usted?
Ser maestro es un modo de hacer patria, y esta es, de fijo, la mayor grandeza.
¿Y si tuviera que elegir entre la familia y la patria?
Creo que el hombre se debe primordialmente a la Patria y a la madre, los que como yo tienen la desgracia de deberse nada más que a la patria, a ella se deben.
Para adentrarnos en los inicios de su vida revolucionaria, recordamos la terraza del café “Martí” y las tertulias literarias de “Los Nuevos”, de donde surgiría más tarde el Grupo Minorista, formado por intelectuales cubanos progresistas, ¿por qué se nombró así al grupo?
El grupo Minorista puede llevar ese nombre por el corto número de miembros efectivos que lo integran, pero ha sido en todo caso un grupo mayoritario, en el sentido de constituir el portavoz, la tribuna y el índice de la mayoría del pueblo. Nos pronunciamos contra el imperialismo yanqui, por la reforma de la enseñanza, por el arte vernáculo y la vulgarización de las doctrinas teóricas. [1]
En 1923 fue abierta la Causa no. 330 en el Juzgado de Instrucción de la Sección Primera de la Audiencia de La Habana, bajo la acusación de injuria, la cual denunciaba los sucesos del día 18 de marzo en la Academia de Ciencias de la Habana, ¿qué sucedió exactamente ese día?
Mis amigos y yo asistimos al acto en honor a la escritora uruguaya Paulina Luissi, ofrecido por el Club Femenino de Cuba. Al observar a los presentes, simplemente nos pusimos de pie en medio del salón, pedí perdón, en nombre de mi grupo, a la presidencia y a la distinguida concurrencia que ahí se hallaba atraídos por los prestigios de la noble escritora, pero nosotros debíamos retirarnos, pues en ese lugar estaba el Doctor Erasmo Regüeiferos, Secretario de Justicia, quien refrendó el decreto ilícito que autorizaba la compra-venta del Convento de Santa Clara, sin advertir el grave daño que causaría su gesto con un negocio repelente y torpe. Dije también que protestábamos, mis compañeros y yo, porque aun tachado por la opinión pública el señor Regüeiferos había preferido rendir una alta prueba de adhesión al enemigo antes que defender los intereses nacionales. Y nos retiramos.
Y después…                                                                                                                             
Una vez abandonado el salón, nos dirigimos al periódico Heraldo de Cuba, donde entregamos para su posterior publicación un manifiesto firmado por mí y los otros 12 compañeros, entre ellos Jorge Mañach, José Z. Tallet y Juan Marinello. Salimos de ahí con la firme convicción de que esa no sería la última pues protestaríamos contra todos aquellos que habían violado la Ley con escarnio.
Posteriormente los participantes fueron encausados y se les impuso una fianza de mil pesos.
Sí, y también fue en esta ocasión cuando utilicé por primera vez mi título de abogado, extendido en 1922 por la Escuela de Derecho de La Universidad de La Habana con calificación de sobresaliente, a pesar de haber estudiado “por la libre”[2], pude asumir mi propia defensa.
A pesar de los esfuerzos, en marzo de este propio año, pasaste tu primera estancia en la cárcel, ¿qué recuerdas de estos días?
Fueron días muy fecundos, pues aproveché para escribirle a mi amigo José Torres Vidaurre, poeta peruano. Y tras saludarlo le conté de mis penas, por las cosas de Cuba que no le son ajenas, por hermano mío y por fervor sudamericano. Le dije que yo bien sabía que su tierra no padeció del triste proteccionismo yanqui, aunque un temor futuro bien podría serlo. Le conté que la patria mía, nuestra Cuba, soporta la amenaza permanente del Norte. Le confesé con pesar que lo triste es que tenemos el destino en nuestras manos, los cubanos, y seremos nosotros los que conseguiremos la desgracia, ignorando el peligro del Norte que vigila y acecha. Pero estoy plenamente convencido de que nos hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones, para vengar los muertos que padecen ultraje, para limpiar la costar tenaz del coloniaje, para cumplir el sueño de mármol de Martí. [3]
Supongo que en medio de esta etapa tan convulsa, los intentos contra el régimen se tranquilizaron un tiempo.
No, era necesario activar de inmediato esa carga. A inicios de abril ya habíamos decidido fundar la Asociación Cívica Falange de Acción Cubana, donde se laboraría por la honestidad administrativa, el saneamiento de los procedimientos públicos y por la elevación del nivel cultural y escolar de las masas. Esta asociación quería ser un representante fiel de la opinión pública, una vanguardia cívica y valiente. El objetivo principal de la sociedad sería la difusión de la cultura, pero para ello había que acabar definitivamente con la ignorancia, producto del analfabetismo, y la ignorancia cívica, producto del desconocimiento de los deberes y derechos que corresponden a los Gobernantes y a los Ciudadanos.
Entonces con estos propósitos, ¿tuvieron un gran éxito?
Pues no, aunque posteriormente nos integramos al Movimiento de Veteranos y Patriotas y ahí logramos algunos cambios.
¿Fue en el marco de las reuniones de los veteranos de las guerras independentistas donde propuso convertir al Movimiento… en un partido político más allá de cuestionar el pago de las pensiones atrasadas?
Sí, es que hasta ese momento no se había comprendido que el ciudadano cubano existe y está cansado de ser despreciado, y la inconformidad de un pueblo no se puede neutralizar con medidas opresoras. La indignación como la pólvora estalla más fuerte cuando se le encierra en límites estrechos. También era importante reconocer que cuando los poderes públicos no cumplen los mandatos del pueblo ni dictan decretos de sana administración, lejos de llamarse poderes constituidos se llaman poderes prostituidos. 
Pero se conoce que a nombre de este Movimiento en mayo de 1924 viajó a Estados Unidos con el objetivo de hacerse aviador.
Mi idea era bombardear lugares estratégicos, objetivos militares en La Habana. Sin embargo, de un grupo inicial 12 personas finalmente viajamos tres, y cuando llevábamos alrededor de un mes de entrenamiento, fuimos detenidos por la policía norteamericana.
Lastimosamente la tendencia de la organización fue derivando hacia la línea insurreccional. Estos líderes fueron los que se vendieron al oro gubernamental, traicionando el juramento de fidelidad y delatándonos.
¿Qué hizo usted ante esta situación?
Después de estar 15 días en prisión, fuimos absueltos y luego tuvimos que trabajar para ganar algo de dinero. Tampoco sabía si debía volver o esperar que eso que sentía hubiese desfallecido. Esa eran mis dudas. La opinión ajena no me importaría más que en el sentido de que no estaba dispuesto a soportar la burla socarrona o cobarde que se ampara en el interés afectuoso. Allá los que buscaron el camino fácil de la política. Yo sé que soy de los inquebrantables.
Una vez de vuelta en Cuba, cuando se encontraba desconcertado, decepcionado, ¿qué acciones emprendió?
Comencé a trabajar en El Heraldo en octubre de 1924, pues tenía necesidad de trabajar en algo para vivir.
Como columnista, en sus escritos puede encontrarse un profundo antiimperialismo.
Hubo una ocasión en que aproveché un tema meteorológico para expresar que el ciclón se había ido al Norte, pero la atmosfera seguía amenazante y las nubes corrían bajas, rápidas y espesas. ¿Habrá quien desee que el ciclón recurve?, me preguntaba. ¿Hay quien pide que vuelva y caiga sobre la Capital, suba hasta el asta de nuestra bandera, y arrase al guajiro? Cuba se encuentra indefensa ante el mar, precisé.
¿Qué opinión tiene usted sobre la situación económica de la isla en esta etapa?
Cuando en mayo de 1925, me hice cargo de la dirección de la revista Venezuela Libre, salieron a la luz varios trabajos sobre aspectos del problema económico de Cuba en el que analizaba la penetración capitalista yanqui en el complejo azucarero cubano. Es que la causa originaria de nuestra inestabilidad financiera es esa: toda la vida económica de Cuba depende del precio de un único producto: el azúcar.
Después de un cuarto de siglo, ¿cómo resumiría usted del estado de la república neocolonial?
El average de la República es elocuente: analfabetismo pavoroso, un 53 por ciento de la población, carencia de verdaderos partidos políticos definidos, malversación de los caudales públicos, violencias y fraudes electorales repetidos, reiterado ultraje a la Constitución, negación casi permanente de los derechos individuales, explotación y persecución feroz, traición continua a los ideales de la revolución libertadora, tal es el sombrío bosquejo del cuarto de siglo que ya cuenta la República.
Cambiando un poco de tema, usted conoció a Mella a mediados de 1923, cuando este preparaba el Primer Encuentro Nacional de Estudiantes, y puede decirse que él influyó notablemente en su vida.
En su compañía me uní a la Universidad Popular “José Martí”, a la Liga Anticlerical y a la Liga Antimperialista de Cuba, organizaciones de las que Mella fue fundador. Además la estrecha amistad que nos unió fue también mediante una ideología común: el marxismo-leninismo.
Entonces estaban estrechamente vinculados, ¿cuál fue su reacción ante la huelga de hambre iniciada por Mella, cuando estuvo al borde de la muerte?
Recorrí los juzgados, fui a la cárcel, a clínicas, a periódicos, hasta solicité una entrevista a Machado, para exigir la libertad de mi amigo. En esa entrevista Machado llamó a Mella comunista como si fuera un insulto, cuando él no tenía ni idea de lo que era ser comunista. En ese momento le dije al Capitán Nemo[4], quien había propiciado el encuentro, ¡pobre América, capitán, que está sometida a estos bárbaros!, porque este no es más que un bárbaro, un animal, un salvaje, una bestia, un asno. ¡Un asno con garras!
Desde ese momento, Machado pasaría a la Historia con ese sobrenombre.
Retomando el tema anterior, dada su relación con Mella, ¿Qué sintió el día del entierro de sus cenizas ante la masacre desatada?
Primeramente estaba indignado ante la salvaje agresión, pero sentí que Mella estaba ahí, pero no en ese montón de cenizas, sino en ese formidable despliegue de fuerzas. Y estamos aquí hoy porque tenemos el deber de imitarlo, de seguir sus impulsos.

En fecha tan temprana como 1922, usted había pensado que quizá moriría de cualquier cosa, ¿el estómago, el hígado, la garganta, ¡el pulmón!?[5] Con cierta pasividad. ¿Qué pudo cambiar para que ahora en 1930 se sintiera un poco arrepentido?

Mi último dolor no es dejar la vida, sino dejarla de modo tan inútil para la Revolución y el Partido. ¡Cuánta envidia siento por mi situación de los últimos días! ¡Qué bueno, qué dulce, debe ser morir asesinado por la burguesía! ¡Se sufre menos, se acaba más pronto, se es más útil a la agitación revolucionaria!

Para 1933, los distintos sectores obreros comienzan una serie de huelgas parciales, que culminarían en la huelga general, que derrocaría al gobierno de Gerardo Machado. En este proceso su labor fue determinante.

Estando ya muy enfermo seguí recibiendo información de lo que sucedía en la calle y emití algunas orientaciones.

El inicio de este año ha sido muy frío, muy duro

Sí, lo he sentido. Ayer recibí a mi amigo Gustavo Aldereguía, mi doctor, quien venía del IV Congreso Obrero y se disponía a contarme de los últimos acontecimientos, pero solo alcancé a decirle, ¿cómo iba el congreso cuando regresaste?...

A partir de aquí quedó inconclusa una entrevista, una vida, una historia, pero que años más tarde sería complementada. Porque esa carga que él consideró imprescindible fue el motor echado a andar el 26 de julio de 1953. Fue esa generación que cumplió el sueño de mármol de Martí.

**************************************************************************

Las declaraciones fueron tomadas de

Núñez Machín, Ana. Rubén Martínez Villena. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1974

Núñez Machín, Ana. El joven Rubén. Editorial Gente Nueva. La Habana. 1981



[1] Párrafo del manifiesto del grupo Minorista
[2] Juan Marinello: Rubén Martínez Villena, La Habana, 1941
[3] Fragmentos de Mensaje lírico civil.
[4] Seudónimo del Periodista José Muñiz Vergara.
[5] Canción del sainete póstumo (1922)
 

martes, 1 de noviembre de 2016

Contar la República: Réquiem por Mayanabo, por Darío Alejandro Alemán Cañizares

Nota Editorial (de Roque): Este es otro buen trabajo, construido (según Darío, su autor) como fruto de la recopilación en diversas fuentes. Creo que vale la pena leerlo desde la historia de un hombre que puede ser, es, de hecho, la historia de una comarca capitalina: Marianao. Sus comentarios e impresiones ayudarán a enriquecerlo.


Nemo patriam quia magna est amat, sed quia sua

Séneca

Si por Santa Felicia, Marianao, pregunta por Juan Arnaldo Gaínza lo más probable es que nadie le sepa contestar; ahora, si pregunta por “Pipo”, cualquiera puede indicarle el camino. A Pipo lo conoce mucha gente porque siempre ha vivido ahí. Hay familias cuyos abuelos, padres e hijos crecieron viéndolo caminar por el barrio, buscar los mandados o jugar ajedrez en las esquinas.

Aunque no se queja mucho, Pipo dice ser un “viejo cañengo”, para quien lo ve por primera vez resulta increíble la buena forma en que se mantiene para sus 90 años. Si alguien le alaba su longevidad el viejo se ríe y comienza a alardear:

“Bicho malo nunca muere” o “Mantén la mente ocupada y jode mucho. ¡Qué sé yo! Fuma tabaco que el que se cuida mucho vive poco”.

Vive con su hijo (maestro de preuniversitario retirado) en una casita pequeña y llena de humedad. Tras cruzar el umbral te asalta un fuerte olor a tabaco recién prendido y encuentras a Pipo sentado en su sillón con el rostro nublado por el humo. Los muebles están casi todos rotos, no obstante el televisor es un moderno “pantalla plana” que si te detienes a mirarlo, Pipo te dirá que se lo trajeron de Estados Unidos. Acto seguido registrará la casa en busca de las fotos que le ha mandado su nieto, que se fue ilegal del país hace unos años. Su foto favorita la tiene bien enmarcada. Es de hace unos meses y en ella aparece su bisnieta de un año cargada por un enorme Mickey Mouse.

“¿Viste qué linda la enana? Eso fue en Disneylandia. Cuando crezca un poco a ver si la traen, pa´ conocerla.”

***

Juan Arnaldo tiene una memoria de elefante. Sobre Marianao no hay mapa que describa sus calles mejor que él, ni libro que conozca más de su historia. Pipo no ha salido nunca del municipio: allí nació, allí hizo su familia, allí vive y allí quiere morirse.

“Esto ha cambiado mucho pero uno sabe que la esencia no se pierde. Por mucho que hayan puesto a Playa y La Lisa como municipios independientes, todo sigue siendo Marianao. Ser de aquí, al menos para los viejos, es como tener una segunda nacionalidad, una segunda patria.”

Su padre, Antonio Jesús, y su abuelo, Tomás, nacieron también en Marianao. Cuenta Pipo que Tomás Gaínza fue una especie de funcionario público dentro de la comunidad que no pudo llegar lejos en el mundo de la política. Poco antes de instaurarse la República trabajó junto con el General Francisco Leyte Vidal cuando este último fue nombrado Alcalde de Marianao por el veterano mambí Juan Rius Rivera, en 1900.

“El General Leyte Vidal era de Oriente y tenía fama de tipo duro pero en el fondo era más bueno que el pan. A mi abuelo le costaba creer que un hombre así, adaptado a arrancar cabezas de cuajo con su machete, fuera tan inteligente y diplomático. Mientras fue Alcalde organizó a la Policía Municipal, construyó un cementerio, dio terrenos para la construcción de un hogar infantil y renombró las calles para quitar todo lo que oliera a la etapa en que los españoles tenían a Cuba. ¡Ah! Pero como tipo duro que era, al General le molestaba tener a los americanos tan cerca. Por esa época los yanquis estaban en Columbia y tenían alborotado todo esto.”

Pipo detiene la conversación y se queda pensativo, intentando forzar su memoria.

“Te decía… el General Leyte Vidal estaba tan acomplejado con los americanos que le escribió un telegrama al mismísimo presidente de los Estados Unidos, firmado por él como Alcalde de Marianao. El telegrama decía así más o menos: Ayuntamiento Marianao pide independencia país. Pueblo de Cuba capaz de gobernarse. ¡Mira tú que tipo ese!”

Escucharlo citar con tanta precisión causa dudas. Es imposible que recuerde con increíble exactitud las historias de su abuelo, pero él contesta que también ha leído un poco. Su hijo, maestro de historia recién retirado, atendía la memoria histórica de la localidad y así Pipo conseguía bibliografía. Sus cuentos son una fusión perfecta de libros y vivencias adornados con dicharachos y valoraciones entrelíneas.

“Marianao es un lugar importante y lleno de anécdotas curiosas. Por ejemplo: ¿tú sabías que aquí mataron a Quintín Banderas? Dicen que el negro aquel era candela viva y que lo ascendían y lo degradaban a cada rato, pero cuando terminó la guerra ya era un viejo que no tenía ni donde caerse muerto. Cuando Estrada Palma fue Presidente, dicen que Quintín fue a pedirle ayuda financiera pero el vendío ese lo que le dio fueron limosnas. Eso no le gustó al negro y se alzó en una guerrita que se había formado contra Estrada Palma. Después de la guerra de independencia parece que a la gente se le olvidó que los negros fueron de los que más machete dieron y la discriminación racial se volvió algo normal en Cuba. El pobre de Quintín pagó por rebelde, pero sobre todo, por negro.”

“Resulta que se había alzado por esa zona del Wajay, El Cano, Arroyo Arenas… por allá. Estuvo un tiempo asaltando trenes, formando tiroteos, en fin. Eso no le gustó nada al Presidente, quien mandó a la Guardia Rural y a las tropas de un tal Capitán Delgado a ponerle fin a aquello. Quintín, se dio cuenta que estaba muy viejo pa seguir luchando y que al final esa guerrita no iba a resolver su problema, así que le pidió un salvoconducto a Estrada Palma y este se lo dio. Hay quien dice que lo machetearon mientras dormía, otros que lo mataron a traición mientras Quintín conversaba con la Guardia Rural sobre el supuesto salvoconducto. Al final lo tasajearon todo, dejándole la cara irreconocible. Después lo exhibieron por las calles de Marianao y lo enterraron en una fosa. Le tenían tanta rabia al negro que hasta le prohibieron a su viuda ponerle flores. Por suerte un buen cura rescató los restos de Quintín.”

“¿Viste? Todo eso pasó aquí, el problema es que ya nadie se dedica a investigar más, pero sí… fue aquí. Fíjate tú que Marianao era importante, que el mismísimo Maceo iba a meterle mano, lo que murió unas horas después de haber planificado la estrategia del ataque a Marianao. Jeje. Pero ese cuento te lo hago después u otro día”.

Pipo era un niño cuando el machadato y no recuerda mucho de aquella época. Lo que sabe es por los cuentos que le hacía su padre. Según él, está en la sangre de su familia la pasión por la historia y por contar cuentos.

Tomás Gaínza, por su parte, no fue un revolucionario, pero como a la mayoría del pueblo, no le agradaba la figura de Gerardo Machado.      

“Mi padre no fue alborotador. Todo lo contrario: lo de él era mantenerse lejos de los alborotos. Pero cuando nombraron a Machado “Hijo Adoptivo del Municipio” sí que se lanzó a protestar con los muchachos.”

“La idea del nombramiento fue del Partido Conservador, que tenía su Asamblea Municipal. ¡Muchacho, aquello causó un revuelo! Imagínate que la gente salió a protestar, sobre todo los estudiantes. Metieron preso a muchos jovencitos, entre ellos a Juan Manuel Márquez que desde esa época ya se estaba haciendo una figura por aquí.  La cosa llegó a ponerse tan fea que los petardos y los tiroteos te los encontrabas en cualquier esquina. Por ejemplo, los estudiantes usaron coches-bombas contra la policía, mataron al Jefe de la Policía Municipal y a cada rato baleaban a un funcionario machadista. Por supuesto, la policía no se quedó de brazos cruzados. El viejo me decía que acabadito de nacer yo, él se encontraba al menos una vez a la semana con un estudiante muerto en una esquina o una balacera en un callejón. Jeje! A partir de ahí jamás se metió en nada de política. No es que el viejo se me haya apendejado, es que simplemente tenía un niño chiquito que mantener y la cosa estaba más dura que de costumbre.”

Pero las historias violentas no son sus favoritas. Pipo sabe que, aunque Marianao guarda muchos muertos, también su historia tiene partes agradables. Cuando habla del pasado siente una nostalgia que no le deja hablar fluido. Hace pausas, rememora, sonríe, sigue su cuento. Para hacer media vuelve a encender su tabaco, lo saborea y comienza a mecerse con más fuerza.

“Marianao era un municipio bien pensado y bonito, no la ruina esta que ustedes, lo jóvenes, vieron cuando llegaron al mundo. Esta era “La Ciudad que Progresa”, no la cosa esa que han inventado del Medio Ambiente y la Solidaridad. Fíjate tú que en Miramar estaban los clubes y las mansiones de los ricos, también teníamos el Cuartel Columbia con aeropuerto y todo, el Maternidad Obrera (hecho en el segundo mandato de Batista), el Hipódromo, el Central Toledo, los cines… Todo eso sin contar la gente importante que nació aquí, como Lezama Lima y hasta ¡Alicia Alonso! Pa que tú veas.”

 “Por aquí por Pogolotti estaban las casas de los obreros y la gente humilde. A ver, no es que aquí se viviera en pésimas condiciones, de hambre y niños con la barriga llena de parásitos y eso. No. Esas cosas sí se veían en los campos pero por aquí no. Yo mismo, que no soy ni leído ni escribido como dice la gente por ahí, me mantenía bien trabajando de camionero. Cuando jovencito trabajé en la bodega de un chino amigo de mi padre. Oye… ¡qué manera de ser menuderos esos chinos! Si tú los vieras. Centavo a centavo se hacían una fortuna. Bueno, la cosa fue que después me hice de un camioncito y traía para Marianao los productos de allá de Bauta y Caimito.”

“Por esa época yo era adicto al juego pero no a la lotería ni nada de eso. A los casinos mucho menos, porque no tenía con qué. Pero recuerdo que me dio una vez por apostar al por menor con algunos compañeros míos. A veces jugaba dominó o ajedrez apostando dinero y quiero decirte que por ahí me ganaba unos pesitos. Una vez se me ocurrió alquilarme en una casa, cuya azotea daba para el Hipódromo. Allí me subía yo con mis amigos, agarrábamos dos o tres prismáticos, y desde ahí veíamos las carreras de caballos. Por supuesto, apostábamos entre nosotros porque no me iba a gastar un centavo allá adentro.”

Todos saben que a Pipo le gustan los juegos. En Santa Felicia lo tienen por una especie de Matusalén con las habilidades de Capablanca. En la sala-comedor de su casa, si uno se fija bien, puede encontrar encima de la mesa dos tableros de cartulina, y sobre ellos, para que el viento no los mueva, una cajita de madera con las piezas dentro.  En Marianao cada cuadra tiene su grupo de entusiastas por el dominó, pero de vez en cuando aparecen dos sujetos jugando ajedrez al aire libre, rodeados por silenciosos observadores que esperan con ansias su turno de sentarse.

“Mira, te voy a hacer un cuento pa terminar”-continúa- “¿Tú viste la biblioteca Enrique José Varona? La que está en 100 y 51. Bueno, ahí donde tú la vez, chiquitica, vacía y olvidada; esa biblioteca tiene su historia.”

“Mi segunda esposa trabajó ahí cuando ese lugar valía la pena. La construyeron por allá por los 40 y hasta hace unos años tenía de todo. Además, allí se reunían intelectuales de la época, sobre todo jóvenes. Ahora, si mal no recuerdo, creo que ese era el lugar de reunión de los arielistas. Te lo digo porque en el periódico El Sol salían escritos de esa gente y sobre la biblioteca también.”

“¡Ah! ¡Esa era la otra! Aquí Marianao tenía sus propios periódicos. Nada de eso de Granma y Juventud Rebelde nada más. No. Aquí había publicaciones de todo tipo: comerciales, de política, de cultura… hasta existía el Boletín Parroquial. Pero el más reconocido era El Sol. En ese periódico había una sección que se llamaba La Vida Literaria, y si te pones a buscar lo que queda de él, vas a encontrar en esa sección escritos de Rubén Martínez Villena, Juan Manuel Márquez, Juan Marinello… En fin, que no era poca cosa. ¡Eso tiene un valor histórico tremendo! Además, lo bueno que tenía era que no era un panfleto político. Ahí se decían bien las cosas. ¡Al pan, pan, y al vino, vino! Cuando tenían que decir dos o tres verdades la decían. Fíjate que su momento de mayor esplendor fue cuando Juan Manuel Márquez era Consejal de Marianao. Él escribía mucho para El Sol y organizaba concursos y esas cosas desde ahí. Ahora no. Ahora no tenemos nada. La gente se olvida y a los muchachones de hoy les da lo mismo chicha que limoná porque no vivieron aquello.”

***

Juan Arnaldo Gaínza, Pipo, sigue ahí, en su feudo de Santa Felicia donde algunos le veneran como se quiere a un viejo sabio. Sigue fumando tabaco en contra de lo que le dicen los médicos, sin embargo ya no juega tanto ajedrez en las calles porque cada vez se cansa más rápido. A veces su hijo, y único compañero, le saca el sillón al portal para que coja un poco de sol y fume tranquilo. Él se sienta, ve a la gente pasar y saluda a los conocidos.
Pipo ha conocido varias veces a Marianao. A lo largo de los años su tierra ha cambiado mucho, pero cuando parece desencantarse del presente encuentra algo hermoso a lo que agarrarse y se enamora de nuevo.
 Para Pipo, Marianao es un gran libro de cuentos escrito en un microscópico pedazo del mapamundi.

Contar la República: "Con dos que se quieran 3" Ensayo para guion literario, por Alain Mira

Nota Editorial (de Roque): Este es el primero de los trabajos que el grupo de 4to de Periodismo ha elaborado. Tiene la particularidad que se trata de una entrevista distópica, pero creo que muy interesante en el rescate de una personalidad muy conocida en la época republicana. Las dejo a su consideración (y comentarios) con el propósito de seguir discutiendo sobre este período de la historia nacional.

Programa: Con dos que se quieran 3

Corte: Rueda presentación (La misma de la segunda temporada: Amaury Pérez caminando por los pasillos de los Estudios Abdala como quien no sabe cómo llegar al estudio principal. Esta temporada retoma el viejo hábito de vestirse con sacos llamativos como en la primera temporada y mantiene los mismos espejuelos oscuros similares a los de José Tejedor).
Amaury: (Ya sentado en el butacón después de dar más 17 vueltas en el mismo pasillo) Muy buenas noches, estamos en Con Dos que se quieran, Tres, aquí como es habitual, en 5ta. Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.
Esta temporada queremos comenzar por todo lo alto. Hoy nos acompaña uno de los periodistas más grandes del siglo XX cubano. Un hombre que se consagró al oficio reporteril y las crónicas. Uno de mis más viejos amigos y queridos amigos. El señor Manuel Márquez Sterling.
Corte: Se levanta Amaury, se dirige a su entrevistado y se funde con él en un fuerte abrazo.
Amaury: (sentándose) Bienvenido Manuel, es realmente un placer tenerte aquí
Manuel: Gracias Amaury. Aunque la verdad el placer es mío porque sé por fuentes confiables todo los problemas que te ha causado invitarme en estos días donde solo Ciro Bianchi y algunos costumbristas casuales me invocan.
Amaury: La verdad, es que, como bien dices, no ha sido sencillo. Las invocaciones necesitan más trámites a medida que pasan los años. Pero no es nuestro objetivo hablar de burocracia. Estamos aquí para hablar de ti y tus mejores años durante la República.
Pero antes de entrar en la Cuba del período 1902-1959, quería preguntarte por ese gran amigo en común que tuvimos tú y yo durante la lucha independentista. El más universal de todos los cubanos: el Apóstol, José Martí.  Cuéntanos de tu relación con Pepe.
Manuel: No sabes cuánto me honra hablar de Pepe. A Pepe, lo conocí en 1894 mientras colaboraba con el periódico La Lucha allá en México. Yo acababa de de dejar la Licenciatura en Derecho, quería terminarla, pero la situación económica me golpeó. Tú sabes que los periodistas siempre hemos sido mal pagados.
Recuerdo que Pepe, al tiempo de conocernos, me empezó a hablar de revolución e independencia y no paraba. Estaba convencido de que una República “con todos y para el bien de todos” era posible. Te juro que entre su discurso y el asma que me atacaba me aturdieron tanto que quedé engatusado por Pepe. Aunque no negaré que mi familia simpatiza  con la independencia desde 1868. Pero eso no quita que Pepe tenía una oratoria divina.
Amaury: En eso concuerdo contigo, hermano mío. Todavía recuerdo cuánto me persiguió para que cantara al inicio de algunos espectáculos del teatro Bufo con mis canciones más patrióticas para usarlas como propaganda política y sacar dinero para la causa. Realmente Pepe resolvía todo con su oratoria. Era un gran hombre.
Pero bueno, entremos ya en materia. Primero háblame de Don Tomás y aquella famosa entrevista que te censuró, en el mejor sentido de la palabra, y te reclamó una revancha. ¿Cómo fue la historia?
Manuel: Estrada Palma siempre me utilizó como su portavoz. Cada vez que deseaba exponer sus planes para la gestión de gobierno me mandaba buscar y me concedía una entrevista. Por aquellos años yo escribía para El Mundo. La gente leía bastante mis trabajos. Y él terminaba bastante contento con mis escritos.
El problema comenzó cuando yo me puse un poco picu´o y le comencé a escribir dos o tres verdades necesarias en el periódico y él se encabronó conmigo. Sin embargo, se portó bastante diplomático. Me cedió esa entrevista por la que me preguntaste y yo aproveché la oportunidad.
La situación estaba candente. Don Tomás se quería reelegir y José Miguel Gómez lo amenazaba con un alzamiento en armas del Partido Liberal. Tanto revuelo y yo en el medio. Era la entrevista del momento.
Y fue un palo periodístico, bueno, hubiera sido, porque me censuró. Estrada Palma me había dicho que su intención no era reelegirse, si no, dejar en el poder a alguien capaz de continuar su obra. Me dijo que no dejaría que ningún corrupto se sentase en la silla presidencial. Vaya, en otras palabras: me dijo que José Miguel era un corrupto y que no le daba la gana que fuera presidente para hundir al país y llenarse los bolsillos. ¿Era o no era un palo periodístico, Amaury?
Amaury: Sin dudas Manuel. Y Don Tomás no se equivocó porque “tiburón” se bañó y salpicó bastante.
Manuel: Eso en José Miguel era de esperarse. Él era un burgués que sabía manejar bien el dinero. Don Tomás, era la mejor opción. No lo había hecho mal en cuestiones de administración y no fue corrupto. Pero se le fue la catalina al darse cuenta de que gobernaba la casa del prójimo y el vecindario ajeno. Lamenté con toda mi alma que perdiera su lucidez. Y no volví a verlo en su trémula poltrona.
Amaury: ¡Qué bellas  palabras! Se ve que no has perdido ese toque peculiar al escribir.
Manuel: Gracias, Amaury. Estoy algo oxidado por los años, pero me emociona hablar de Don Tomás. Lo admiré en vida. Él creía en la República como yo. Solo que ya estaba viejo y tenía a los yanquis presionándolo por un lado y los liberales por el otro. Fue demasiado para él.
Amaury: Bueno. Cambiemos el rumbo pero siguiendo líneas similares. Recuerdo que un viaje nos íbamos para México, era 1903 si la mente no me falla (Manuel asiente con la cabeza), juntos en la delegación cubana de la naciente República y llegamos todos menos tú porque Porfirio Díaz te declaró persona no grata. No recuerdo exactamente porque fue. ¿Por qué no me refrescas la memoria un poco?
Manuel: Venga Amaury, tú te acuerdas de cada momento. Esa vez me sentí humillado y a la vez me reconfortaba. Me explico. Porfirio, a quien su difunta madre no pudo otorgarle mejor nombre, fue víctima de mis críticas y se molestaba cuando me leía. A tal punto que me declaro persona no grata. Sin embargo, el simple hecho de que se tomara la molestia de esperar mis escritos buscando razones para botarme de México indica que estaba cumpliendo con mi deber social. El era un dictador y se merecía mucho más que mis críticas.
Amaury: Pero bueno, la vida demostró que tenías razón y te dejo volver a la tierra de los aztecas. Recuerdo que Francisco Madero te recibió con los brazos abiertos.
Manuel: Pancho era un buen tipo, pero estaba bastante solo en términos de política exterior. Estados Unidos le hizo una guerra sucia y, junto a la oposición mexicana, asesinaron a Madero. Yo me moví rápido para salvarlo, pero lo más que pude hacer fue traer a su familia para Cuba.
Amaury: Eran tiempos difíciles. Recuerdo que tuve que tomar el primer barco para Cuba escondido porque me buscaban por “agitador político”. Yo, un simple trovador revolucionario. Eran los antecedentes de la Guerra Fría.
Manuel: Creo que se te fue la mano con lo de la Guerra Fría, pero no dejo de reconocer que eran tiempos duros.
Amaury: Ya queda tiempo solo para una última pregunta. ¿Dime que se siente ser presidente de la República de Cuba?
Manuel: Amaury, te juró que no sé que responderte porque apenas duré seis horas en el poder y para colmo comencé en la mañana y ya al mediodía me estaban dando la mala. No pude siquiera arreglar ni lo más mínimo en el desastre que dejó Carlos Hevia. Mira, para decirte que no tuvieron tiempo ni de hacerme una manifestación.
Nada más, dieron las doce me montaron en un barco y hasta Washington no paré. Lo que si te puedo decir es que no es un trabajo fácil y poco entretenido. Prefiero escribir. Eso sí me da placer.
Amaury: Bueno Manuel, ya el tiempo se nos agotó. Realmente ha sido un placer tenerte aquí compartiendo como hacía rato. No quiero despedirte sin antes darte un abrazo y un beso bien grande para agradecerte por tu preciado tiempo. Un abrazo para mi hermano de toda la vida.
Corte: La cámara sube y se aleja mientras ambos se funden en un abrazo estremecedor que demuestra el entrañable cariño que existe entre estos dos hombres.